Historia-de-parto

¡Así me volví mamá!

¡Qué sorpresa encontrar este relato entre los tantos archivos en mi computador! Se trata de mi historia de parto, o al menos una de ellas, pues a medida que el tiempo pasa he recordado momentos de mi embarazo y parto que se habían perdido en mi memoria y que hoy con otras experiencias y con otros conocimientos veo de diferente manera a como lo sentí el día que escribí este texto:

…La idea de la maternidad ha estado en mi mente desde hace muchos años… pero no precisamente porque quisiera ser mamá sino porque a toda costa quería evitarlo: le tenía pánico al embarazo, al parto y a ser responsable de un ser totalmente dependiente de mi.

En mi mente me repetía constantemente que yo era demasiado egoísta y que no quería sacrificar ningún aspecto de mi vida por tener hijos… sin embargo, todo cambió cuando conocí a Herman (mi compañero de viaje y testigo de la vida) y “sin razón alguna”, en muy poco tiempo la idea de ser mamá empezó a tomar fuerza.

Pasaron los años, nos enamoramos y decidimos formar nuestra familia… Fue un embarazo planeado, deseado, hermoso y de muchos aprendizajes… yo me sentía llena de vida y todos los días me maravillaba de los cambios de mi cuerpo (a pesar de que no siempre fueran agradables), pero al mismo tiempo veía como la posibilidad de tener el parto que deseaba era escasa, por no decir imposible en Medellín.

Pasaba el tiempo y en mi interior seguía la lucha entre lo que yo quería: tener a mi bebé en casa, acompañada, de forma natural… y lo que en este país se espera que sea un parto: una urgencia médica.

A pesar de que siempre supe que mi bebé estaba bien, cada mes iba a control médico presionada por el miedo de seguir mi instinto y que al final algo saliera mal y me culparan por ello.

En los controles todo confirmaba que tanto el bebé como yo estábamos bien, por eso, desde el principio tuve presente el día del parto y siempre le preguntaba al médico al respecto: la opción de tener una doula, de no usar pitocin ni las demás intervenciones, de la posibilidad de adoptar la posición que yo quisiera durante el trabajo de parto… sin embargo, rápidamente mi médico “de confianza” respondió “la profesión de doula no existe en Colombia, aquí hay parteras por allá en la selva… yo sería tu doula. Además, el bebé es muy grande y aún no sabemos si puedes tener un parto natural, así que hasta que tengas por lo menos 8 meses de embarazo no te preocupes por pensar en esas cosas”.

Pasaron los meses y en uno de los controles me dieron una orden médica para autorizar la cesárea… yo dije que esperáramos hasta el día del parto para ver si eso era necesario, pero el médico insistía “es un bebé macrosómico (percentil 94 según la ECO), no sabemos si tu pelvis es suficientemente amplia, la tecnología existe y es para estos casos…”. En mi mente se implantó la idea de que me iban a hacer una cesárea sin importar las circunstancias del parto… y entonces faltando 3 semanas para la fecha probable de parto, decidí seguir mi instinto y cambiar de médico.

Pero, ¿por qué toda esta introducción si la idea era sólo contar la historia de mi parto? y la respuesta es que para mi, todo esto fue lo que permitió ese momento, pues en realidad “el parto fue corto” en comparación con el tiempo que utilicé informándome, formándome y rodeándome de las personas adecuadas para lograr un poco del parto que quería tener.

Y digo “un poco” porque es triste que renunciara al parto en casa debido al miedo que se despertó en mí cada vez que mi médico inicial me repetía “es un bebé muy grande, se puede quedar atrancado en el canal de parto, se le puede fracturar el hombro, quedarse sin oxígeno…”.

Con mi nuevo médico me sentía bien, él confiaba en mi cuerpo, reconocía y apreciaba la labor de mi doula, estaba a favor del parto natural y aceptó todo lo que sugerí en mi “plan de parto”, incluyendo la piscina en la habitación, lactancia inmediata, no cesárea, no episiotomía… estábamos felices pues habíamos logrado conciliar varios aspectos del parto en casa con las posibilidades que ofrece estar en un hospital en caso de que algo se complicara.

El 16 de diciembre desperté con la necesidad de terminar el mural del cuarto del bebé, organizar la cuna, limpiar la casa y empacar la maleta para el hospital. Las tan esperadas “contracciones de verdad” empezaron ese día a las 10:30pm. Me alegré de saber que el momento había llegado… que en cuestión de horas conoceríamos al pequeño ser que crecía en mi interior.

Una vez empezaron las contracciones pensamos que teníamos suficiente tiempo para llamar a mi doula y mi médico y con ellos organizar todo para tener el parto consciente, natural, amoroso para el que me estaba preparando…

La idea era permanecer en casa acompañados por nuestra doula la mayor cantidad de tiempo posible antes de ir a la clínica, pero para mi sorpresa la segunda contracción fue a los 3 minutos (no a los 20, 45 o 90 minutos como me habían dicho que empieza el parto), la siguiente fue de nuevo a los 3 minutos… yo trataba de relajarme, de “manejar el dolor”, de respirar profundamente y encontrar “ese lugar en mi interior que me permitiera vivir el momento” pero no lo encontré… las palabras de mi primer médico se hicieron presentes de nuevo “es un bebé muy grande” y me asusté. Las contracciones siguieron cada 3 minutos y nunca se detuvieron… en la siguiente hora llamé “a mi equipo”, un taxi y salimos para el hospital.

El taxista empezó a manejar muy rápido y recuerdo haberle dicho “despacio que esto no es una urgencia”… el disminuyó la velocidad, escuchaba la voz de Herman que desde el principio me alentaba y me tranquilizaba con palabras dulces.

Los minutos sin contracciones eran mágicos, tenía mis sentidos totalmente despiertos, los colores eran muy brillantes, los sonidos amortiguados y parecía que no había nadie más a nuestro alrededor… me sentía feliz, fuerte, tranquila… pero llegaban las contracciones y el miedo se apoderaba de mi.

Llegamos al hospital y el frío de sus paredes con su olor a ambiente estéril rompieron un poco esa burbuja en la que estábamos… Todo fue tan rápido que mi doula casi no alcanzó a llegar al hospital, mucho menos inflar la piscina o acompañarme durante la mayor parte del trabajo de parto… en un principio estábamos nosotros solos en la habitación con el dolor de las contracciones, la magia de los minutos sin ellas, la ansiedad por conocer a nuestro bebé, la felicidad de haber llegado al final del embarazo, el miedo de no saber qué pasaría y entonces opté por la epidural… no sé si lo hice por cansancio, comodidad, desespero, miedo… pero fue mi decisión.

El haber compartido mis preferencias para el parto con mi médico fue muy importante. Él se encargó de que no me hicieran ningún tipo de intervención a menos que yo la aprobara, que no me trataran como a una enferma, que me acompañaran mi esposo y mi doula en todo momento, protegió nuestra privacidad, dejó que el cordón dejara de latir y que Herman lo cortara… cumplió con su palabra de ser un observador a menos que fuera requerida su intervención.

En ese momento me dio tristeza que después de tanto “planear el parto que quería” y de alcanzar los 7cm de dilatación las cosas no resultaran como había pensado, pero ahora comprendo que cada mujer tiene el parto que necesita tener para aprender aquello que necesita aprender… en mi caso, aprendí que no puedo controlar todo y que a veces debo pedir la ayuda de otras personas sin importar que tan fuerte o capacitada me sienta para algo. A pesar de todo lo que no salió como yo quería, mi parto fue respetado, consciente la mayor parte del tiempo (pues la epidural desconecta de cierta forma), amoroso y todas aquellas palabras que siempre quise que lo describieran.

Finalmente, a las 5:05am nació Joël, sin pitocin, sin cesárea, sin insultos, sin episiotomía, sin forceps, sin dolor, sin apuros… llegó en el momento más oscuro de la noche (justo antes de que amaneciera) y llenó la habitación con su mirada. Lo sostuve con mis manos, me fasciné con lo pequeño que era (¿dónde estaba el bebé gigante que me mencionaron todo el embarazo?), me embriagué con su olor y me perdí en sus ojos. Con su nacimiento despertó en mi emociones que nunca había tenido y una fuerza y determinación que sobrepasan cualquier situación. Desde ese momento los tres iniciamos un viaje sin fin… fue así como me volví mamá y fue ahí cuando nacimos como familia.

Comparte este texto

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email