Solo-me-pasa-a-mi

¿Solo me pasa a mi?

A ratos pienso que me quedó grande ser mamá,
que no tengo el instinto materno del que tanto se habla;
que no se qué hacer cuando mi bebé llora desconsoladamente y parece ser que todos a mi alrededor si lo saben;
que en ocasiones siento que no doy más y quisiera salir corriendo para regresar en 2 o 3 días cuando todo esté tranquilo y yo haya tenido tiempo de descansar y de ocuparme de mi misma.

A ratos pienso que soy egoísta porque reconozco mis necesidades y busco espacios y momentos para hacerme cargo de ellas;
porque no doy por hecho que desde hace un tiempo ocupo el segundo lugar en mi lista de prioridades;
porque no puedo dar y dar indefinidamente, y sigo pensando que recibir es tan importante como dar.

A ratos pienso que ser mamá no es como yo esperaba;
que algo debe estar mal conmigo porque a veces quiero llorar, me siento desbordada y hasta triste;
me veo despeinada, con ojeras, con leche chorreando de mis senos y dolores en lugares que ni siquiera sabía que existían.

Mi cuerpo ha cambiado y mi alma también… pero todos esperan que yo siga siendo la misma que antes de tu nacimiento:
que me vea de cierta manera,
que me encargue del hogar y de cada persona en él,
que continúe con mis hobbies,
que retome mis actividades laborales lo más pronto posible,
que haga vida social con mis amigos,
que tenga intimidad con mi pareja,
que atienda la visita de mi familia, amigos y hasta desconocidos,
… pero casi nadie sabe que he cambiado.

Si supieran que tengo mis emociones a flor de piel;
que soy un mar de alegrías y un río de lágrimas;
que ya no se lo que es dormir 8 horas (qué digo?, 4 horas) seguidas;
que me siento la mujer más feliz del mundo y al mismo tiempo estoy agotada y no sé cómo, cuándo ni porqué tomé esta decisión de ser madre.

Si supieran que mi mundo es otro,
que estoy en un momento de transición y que apenas empiezo a reconocerme.

Si supieran que toda esta emotividad que me invade es lo que me permite responder a las necesidades de ese pequeño ser que en unos meses me llamará “mamá“;
que “volver a la normalidad” (si es que eso sucede) tomará más de los 40 días a los que llaman dieta, o de las semanas adicionales que otorga la licencia de maternidad.

Si supieran que ya “la normalidad” de mis días es diferente,
que estoy mudando de piel para adaptarme a esta nueva vida,
y sobretodo, si supieran, que no quiero volver a esa normalidad de antes,
que solo quiero vivir este momento, este nuevo mundo, esta nueva yo, con todo lo que implica y sin sentirme sola, culpable o rara por ello.

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